Cuando hablamos de digitalización y Big Data vinculados al ámbito económico, pocas veces pensamos en las llamadas “otras economías”. Pero si nos fijamos en cifras como que más del 65% de la población mundial ya tiene acceso a Internet (Internet World Stats 2021) o que 2 de cada 5 empresas realizaba ventas on-line en 2020 (Eurostat), queda claro que Internet e innovaciones como las redes sociales, la Inteligencia Artificial, el Internet of Things, etc. son una realidad que está entre nosotros y que ya está cambiando nuestro día a día.

Es por ello que las economías alternativas al capitalismo dominante, como la economía social y colaborativa, no solo no deben evitar la digitalización, sino que deben apostar por ella. No es una opción: deben aprovechar todas las ventajas y beneficios, como una mayor eficiencia y productividad, y por lo tanto una mayor competitividad que permita impulsar futuros e innovadores negocios que beneficien a la sociedad y a las personas.

¿Qué entendemos por economía social? ¿Y por economía colaborativa?

Cuando hablamos de economía social nos referimos a un modelo empresarial en el cual el beneficio económico no es el objetivo prioritario sino  la resolución de necesidades sociales personales y colectivas. Evidentemente, como en cualquier negocio, se persiguen los beneficios, pero no a cualquier precio. Valores como la igualdad social, el respeto al medio ambiente, la participación democrática, el compromiso territorial y comunitario o la igualdad y cooperación forman parte de esta nueva ética empresarial, también llamada capitalismo consciente, y que está a medio camino entro lo privado y lo público, cogiendo lo mejor de cada uno, siempre buscando el beneficio colectivo.

Algunos ejemplos de proyectos de economía social serían la cooperativa de servicios Coop57 (agrupa 500 entidades y 2.500 ahorradores que ofrecen préstamos a proyectos con base ética y solidaria), el Mercado Social Madrid (una red de producción de bienes y servicios en la que participan más de 160 empresas y entidades) o Som Energia (una cooperativa de consumo de energía que apuesta por las energías renovables)

Además de la economía social, y compartiendo algunos valores comunes, en los últimos años se ha implantado con fuerza lo que se conoce como economía colaborativa. Se basa en el intercambio, la venta o alquiler de bienes y servicios a partir de la colaboración entre personas permitiendo la optimización y el aprovechamiento de recursos existentes  y contribuyendo, en última instancia, a proteger el medio ambiente.

Aunque la entrada de grandes capitales y empresas en este ámbito y los vacíos legales han generado dudas sobre muchos de los proyectos basados en el intercambio (Airbnb, Wallapop, etc.), la filosofía original de la economía colaborativa tiene mucho de social y de sostenible: permite la creación de una red basada en el compromiso y la solidaridad entre individuos y comunidades conectados de igual a igual.

Un claro ejemplo de esto es Blablacar, que pone en contacto a personas para compartir coche en trayectos comunes. No solo acaba siendo una opción más económica de moverse, sino que además aprovecha al máximo el uso de los vehículos particulares, ahorrando emisiones. Otra iniciativa interesante en el ámbito de la economía colaborativa es Etsy, un portal que facilita la compra y venta de productos de artesanos, artistas y diseñadores.

Big Data socialmente responsable: bienvenidos al Open Data

Una vez tenemos claro que la apuesta por la innovación y la digitalización no es una opción para la economía social y colaborativa no hay que olvidar en ningún momento que, las innovaciones deben ayudar a resolver retos sociales, evitando la creación de nuevas y mayores desigualdades.

Si nos centramos en el uso y explotación de datos masivos (Big Data), es inevitable reflexionar sobre la incoherencia entre el origen de los datos (social y colectivo) y su explotación económica (privada y empresarial). Aunque evidentemente, la recolección, gestión y análisis del Big Data tiene un coste, y es comprensible que se quiera hacer negocio con ello, desde el punto de vista de la economía social es importante poner el foco en aspectos como la transparencia y la representatividad de los datos (con muestras más inclusivas, más fieles a la realidad social, y por lo tanto más valiosas), así como la necesidad de que los análisis y conclusiones acerquen al máximo número de personas en la toma de mejores decisiones sociales y colectivas. Los que apuestan por un Big Data más social lo tienen claro: si la sociedad es el inicio y origen de los datos, también debe estar en el final de la cadena, es decir, los beneficios deben revertir a la sociedad.

Esto nos lleva inevitablemente a fijarnos en el Open Data, que es el nombre que recibe el Big Data cuando es accesible de manera pública y gratuita por personas, empresas y organizaciones. Basado en principios democráticos y buscando el beneficio social y colectivo, el Open Data no se define exclusivamente por volumen, sinó por su apertura, que persigue un impacto más local, más cercano y tangible sobre el día a día de las personas.

Ejemplos del uso de los datos para la economía social y colaborativa

Estos son algunos los beneficios que el uso y explotación del Big Data y del Open Data pueden traer a la economía social:

Redes más allá de lo local

El uso de las tecnologías de Big Data y Open Data permite que las innovaciones de economía social y colaborativa tengan un impacto local, pero puedan ser exportables a otros territorios.

La creación de redes más allá de lo local, que intercambien bienes y servicios, pero también información y conocimiento, supone un antes y después, ya que permite un avance más rápido de los cambios sociales, sin olvidar que el impacto final lo notan las personas y que los beneficios finales acaban siendo cercanos.

En este sentido, un claro ejemplo del intercambio de información y conocimiento es el Ayuntamiento de Barcelona. Su apuesta por la Economía Social no solo se ha traducido en programas para sectores específicos, sino que también se traducen en cooperación y colaboración con organizaciones de otros países, y en Brújula de la Innovación Socioeconómica, un portal donde se comparte información sobre economía social.

Más Big Data, mayor impacto social

Si el uso del Big Data está transformando la gestión empresarial e incluso los modelos de negocio, la economía social no es una excepción. No se trata únicamente de conocer mejor los usuarios y/o consumidores. Se abre la posibilidad de resolver problemas sociales de formas novedosas, empresas con ética y responsabilidad social.

Algunos ejemplos de proyectos sociales innovadores basados en Big Data son Savana (convierte las historias clínicas en Big Data médico fácilmente accesible para países en desarrollo), Profuturo (acerca la educación digital a más de 5 millones de niños y niñas en Latinoamérica, África y Asia) o Global Forest Watch (una herramienta colaborativa de código abierto que vela por la conservación de los bosques).

Menos burocracia… y menos impagos

Ver también

Aunque el objetivo principal de la economía social no son los beneficios, son igualmente necesarios, porqué si el proyecto empresarial no es sostenible, tampoco podrá aportar los beneficios sociales y comunitarios esperados.

Así, el uso del Big Data en este tipo de empresas permite una regulación más dinámica de la economía, menos dependiente de autorizaciones, licencias y demás trámites burocráticos. Algo que permite transacciones más rápidas, aunque a falta de una legislación específica, se están generando nuevos modelos de negocio que pueden ser polémicos y éticamente dudosos ya que no siempre compiten en igualdad de condiciones con las empresas tradicionales.

Otro aspecto que puede mejorar con el Big Data es el riesgo de impago. Según un estudio de Informa D&B, los retrasos en el abono de cuentas pendientes suponen en España un coste directo de 1.639 millones de euros para el tejido empresarial. Con el uso del Big Data, combinado con el Open Data, es posible acceder a la información de pago de otras empresas, obteniendo mediante este intercambio de datos una radiografía de los deudores en tiempo real, que facilita anticiparse a los impagos.

Open Data + Big Data: cruzando datos

Cuando hablamos de Open Data normalmente pensamos en datos ofrecidos por las administraciones. Y aunque el peso del sector público es evidente, cada vez más, los datos abiertos  se vinculan a datos científicos y también de empresas sociales y cooperativas.

De hecho, si se cruzan los datos de las administraciones, por ejemplo sobre el uso del transporte o de otros servicios públicos, con los datos en abierto de empresas sociales, se pueden obtener métricas más ricas que facilitan la detección de nuevos retos y problemáticas sociales.

Con el uso del Open Data las empresas no solo pueden tomar aún mejores decisiones y conocer con más detalle su entorno más cercano, sino que pueden desarrollar nuevos productos, servicios y soluciones.

Ejemplos de esto son DataForGood, que ofrece desde Barcelona apoyo a entidades del tercer sector que quieren trabajar con datos y no saben por donde empezar, o Data For Good Madrid, una entidad sin ánimo de lucro en la que voluntarios expertos en datos ofrecen su conocimiento a organizaciones y asociaciones con impacto social.

La economía social es digital Estos ejemplos ponen de manifiesto que la digitalización y el uso del Big Data es algo que no puede quedarse únicamente en manos de los grandes actores empresariales. Los que apuestan por una economía más social y colaborativa, más sostenible, responsable y ética deben ser conscientes de los beneficios de los datos y aprovecharlos para sus nobles objetivos.

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