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Javier Aguirre, “para llegar a la elaboración de modelos predictivos acertados del comportamiento es fundamental la cooperación”

Javier Aguirre, CEO de Kapsch TraffiCom, nos habla sobre cómo será la movilidad del futuro y qué medidas serán necesarias para adaptar las ciudades actuales a las nuevas formas de transporte.

¿Cómo se perfila la movilidad del futuro?

La movilidad del futuro tendrá que estar alineada con las políticas de descarbonización, ya que las emisiones de CO2 son especialmente elevadas en las ciudades. Un objetivo difícil que podría tener éxito gracias a la aplicación de innovadoras tecnologías digitales. Existen dos campos de acción que tienen un enorme potencial. El primero es la conversión de los motores de combustión en eléctricos. Las ventajas de este cambio son evidentes. El segundo, es el control inteligente del tráfico a través de la innovación tecnológica. La conducción conectada, las carreteras inteligentes y la tarificación de la movilidad inteligente han de funcionar juntas para que logremos un cambio sostenible. Los atascos no desparecerán completamente de nuestras vidas, pero la digitalización y, sobre todo, la conexión de las carreteras y los vehículos reducirán su incidencia.

Pero estas medidas de carácter técnico solo serán realmente efectivas si van de la mano de un cambio en el comportamiento de los conductores, lo que se podrá motivar con actuaciones sobre la gestión de la demanda. Para crear incentivos de movilidad verdaderamente sostenibles, es necesario avanzar en la tarificación de la movilidad inteligente. Esto se aplica tanto a las principales vías de tráfico y autopistas, como al tráfico del centro de las ciudades.

Actualmente ya existen soluciones de gestión del tráfico y movilidad integrada, así como modelos de tarificación con sofisticadas funciones de lógica empresarial y toma de decisiones que permiten a las autoridades introducir la tarificación dinámica, por kilómetro, por tipo de vehículo, carriles regulados para vehículos de alta ocupación y ecológicos, y otras medidas complejas para frenar el tráfico y reducir considerablemente las emisiones y la contaminación atmosférica.

¿Cómo se está aplicando la Inteligencia Artificial (IA) al ámbito de la movilidad?

La gestión de la información es la base de la nueva orientación que requiere la movilidad. Cada vez hay más datos que son captados por cámaras de visión artificial que tratados por algoritmos de deep learning, identifican muchos elementos y los categorizan para ser tratados como información útil para monitorizar, identificar los distintos modos de movilidad, establecer rutas, identificar alertas e incidencias, etc.

Otra de las aplicaciones de la IA en la movilidad es en el tratamiento de múltiples datos históricos y su conversión en modelos predictivos que son muy útiles para la gestión anticipada de posibles incidencias, alertas o, simplemente para reorientar el tráfico o potenciar unos modos de movilidad frente a otros.

¿A qué retos se enfrentan las ciudades para gestionar una movilidad tan compleja como la actual?

Para gestionar una movilidad tan compleja como la actual y lograr una movilidad segura, sostenible, ágil y saludable debemos apostar por una gestión holística, con políticas de Estado apoyadas en la colaboración. Gobiernos y ayuntamientos deben abordar una estrategia común desde una doble vertiente, por un lado, influir en las decisiones de los conductores con respecto a si deben viajar, y cómo y cuándo deben hacerlo; y, por otro, afrontando y liderando el reto de la digitalización del sectorde una manera completa, facilitando la creación de espacios de datos compartidos que favorezcan las necesarias políticas de colaboración entre los distintos organismos.

Pero para gestionar la movilidad se debe gestionar la demanda. Esta estrategia podría eliminar casi por completo la congestión y posibilitar grandes beneficios sociales. La gestión de la demanda influye en el comportamiento del usuario con políticas que pueden ser normas, recomendaciones, incentivos y tarifas de peaje dinámicas.

Además, es momento de poner en práctica políticas nuevas que incentiven el uso del transporte público. La Administración debe de tomar las riendas: fomentar la confianza, acercar el transporte público y hacerlo más sencillo para que el ciudadano no sienta la necesidad de tener que coger el coche debe ser una prioridad. Tampoco hay que olvidar la necesidad de definir políticas flexibles en los planes de movilidad de las empresas, para evitar la congestión en las horas punta.

El éxito solo vendrá derivado de quien apueste por este enfoque integrador, que implique el compromiso de la comunidad, que sitúe al ciudadano en el centro y donde las iniciativas tecnológicas y regulatorias sean lideradas por los gobiernos, con las empresas como socios y la tecnología como elemento facilitador.

La movilidad actual pasa por gestionar muchas fuentes de datos y muy heterogéneas – datos procedentes de las cámaras de tráfico sobre peatones, ciclistas, conductores, sensores medioambientales, etc. ¿Cómo se debería gestionar su almacenamiento, intercambio y gobernanza para un uso eficiente de ese Big Data?

La gestión de la movilidad pasa por disponer de las fuentes de datos y de las herramientas necesarias para trabajar con ese Big Data, analizar la información y establecer modelos predictivos de comportamiento que permitan tomar decisiones de forma proactiva. En un entorno conectado y multimodal, las fuentes de información son muchas y heterogéneas. Todas las partes del sistema de transporte pueden conectarse y “hablar” entre sí: peatones, ciclistas, conductores, cámaras de tráfico, sensores colocados en autobuses y trenes o sensores medioambientales que registran la contaminación y el ruido. De entre todas ellas, merece la pena destacar dentro del ecosistema del Internet de las cosas (IoT) el papel de los vehículos conectados, cuya implantación proporcionará en tiempo real importantes datos útiles, tanto de los propios vehículos como del estado de las infraestructuras por las que circulan.

A medida que los problemas se centran en la congestión del tráfico, las emisiones y la seguridad, las soluciones pasan por disponer de tecnología inteligente que no solo reporte conjuntos de datos, sino que facilite su análisis y clasificación, como hace la inteligencia artificial (IA) que, mediante técnicas de aprendizaje automático, facilita la extracción de información de una enorme cantidad de datos y de fuentes muy diversas.

Para llegar a la elaboración de modelos predictivos acertados del comportamiento es fundamental la cooperación. El intercambio de datos da lugar a soluciones inteligentes para hacer un uso más eficiente de las infraestructuras existentes. Por eso, es tan importante la creación de Centro de Datos de Movilidad Inteligente o Mobility Data Hub, cuyo objetivo es, además de almacenar y disponer de todos los datos necesarios, permitir su intercambio y su gobernanza. Plataformas seguras donde las organizaciones gubernamentales y empresas de tecnología y transporte puedan acceder a sus datos y compartir información sobre patrones de viaje, incidencias o datos esenciales, como los ciclos semafóricos de los cruces, muchos de ellos en tiempo real, lo que hace crítica su fiabilidad y disponibilidad.

Las carreteras no son ajenas a la transformación digital y desde hace ya tiempo incorporan multitud de dispositivos IoT. ¿Están las carreteras españolas suficientemente digitalizadas?

Las carreteras deben evolucionar hacia ser más seguras, sostenibles, verdes y conectadas. A este último apartado va a contribuir de manera importante el despliegue del vehículo conectado y autónomo. En este aspecto se debe dar un importante empuje a un mayor despliegue de elementos sensores y dispositivos de comunicación que facilite el intercambio de información de manera biunívoca entre la infraestructura viaria y los vehículos y restos de elementos de transporte, favoreciendo el despliegue de servicios cooperativos C-ITS.

Para ello habría que empezar por las vías de alta capacidad y las vías en entornos urbanos. Aunque se están desarrollando algunos proyectos, aún son aislados y no existe un plan nacional para facilitar este despliegue. Como las vías son de distinta titularidad, se deben de dar avances en la creación de sistemas colaborativos entre las distintas entidades gestoras, creando espacios de datos y centros de gestión colaborativos. Esto está aún lejos de suceder.

¿En qué medida el 5G mejorará los llamados coches conectados?

El despliegue del 5G hará que las comunicaciones bajen su latencia en la entrega de información, esta circunstancia es clave en trasladar información de manera inmediata entre los distintos sistemas, ya sean fijos o móviles. Así, tanto los vehículos, como las personas y la infraestructura debidamente sensorizada, podrán interactuar instantáneamente de manera cooperativa, creando alertas, detectando incidencias, situaciones climatológicas hostiles, situaciones conflictivas en la circulación, comunicación con la red semafórica y muchos otros servicios que se podrán ir desplegando.

¿Cómo puede ayudar el anunciado proceso de digitalización de las administraciones públicas a una mejor gestión de la movilidad en nuestro país?

Este aspecto es clave, quizá sea una de las piedras angulares sobre la que se desarrollará la nueva movilidad. Es un hecho que los gestores de la movilidad en España son entidades públicas. Hay múltiples organismos que gestionan distintos aspectos y ámbitos geográficos. Desde los pequeños municipios, hasta distintos organismos y ministerios del Gobierno Central, pasando por Diputaciones, CCAA o entidades de gestión metropolitana. Todas ellas gestionan una parte de la movilidad y su grado de desarrollo digital es muy variado y heterogéneo. La información que gestionan suele estar distribuida en silos, es decir, no se comparte apenas entre las distintas entidades.

Esto es un serio problema que se tiene que superar de manera urgente, ya que la tecnología dispone de herramientas para gestionar la información de manera colaborativa. En otros países existen distintas iniciativas en las que un número de administraciones de diversa índole y gestoras de infraestructuras o servicios se agrupan creando Centros de Gestión de la Movilidad compartidos para facilitar la gestión coordinada y eficaz, integrando la información de los usuarios desde un único punto. Esto en España no ha sido posible aún.

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La creación de espacios de datos compartidos de movilidad va a ser clave en este proceso de digitalización, lo que redundará en una mejor gestión, homogenización de medidas, prácticas y políticas compartidas y, por la tanto, se generará una información más útil y mejor difundida.

¿Cómo ven desde Kapsch el masivo despliegue de Zonas de Bajas Emisiones en España?

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) persiguen la reducción de las emisiones de gases contaminantes de los vehículos a motor con combustible fósil, contribuyendo así a los objetivos de desarrollo sostenible, a la mejora de la calidad del aire y de los niveles de ruido. La idea es actuar sobre la movilidad urbana y metropolitana por medio de limitaciones y control de acceso de vehículos a motor, en función de su etiqueta ambiental, con el objetivo principal de provocar una reducción de la movilidad privada y un aumento de la sustitución del parque móvil.

La medida es, sin duda, una oportunidad para la mejora de la calidad del aire, y conseguir, en consecuencia, un ambiente más saludable para la ciudadanía. Sin embargo, su implantación no debe entenderse como un ente aislado o una simple gestión de accesos. Se trata, por un lado, de incorporar la ZBE dentro de la gestión integral de la movilidad de la ciudad, de forma planificada y coordinada con todas las agencias públicas y/o privadas implicadas.

Por otro lado, también será necesario dotar de herramientas para realizar un análisis correcto de los usos de transporte, y dar un salto de calidad hacia una mejor gestión de la demanda, influyendo en los comportamientos, priorizando e incentivando aquellos modos de movilidad más sostenibles y eliminando la congestión existente actual.

El objetivo no debe ser penalizar la movilidad dentro de las ZBEs, pues esto podría ser un riesgo para el futuro de estas zonas de la ciudad, sino incentivar unos modos de movilidad más sostenible y penalizar los más contaminantes, produciendo probablemente una renovación del parque.

Si no lo hacemos así corremos el riesgo de no cumplir el objetivo de reducir los elementos contaminantes, pues estaremos trasladando el problema de un sitio a otro. Es decir, podremos estar reduciendo la emisión de partículas contaminantes dentro de la ZBE, peo aumentándola notablemente fuera de su perímetro. Con respecto a las emisiones de carbono, es más difícil reducirlo, si no es en el conjunto de la ciudad y su zona metropolitana, por ello es clave gestionar estas ZBEs dentro de la gestión global e integral de la ciudad y estableciendo sistemas medidores distribuidos para monitorizar en tiempo real las distintas zonas de la ciudad y el efecto de las acciones que tomemos para gestionar la movilidad.

La capacidad y las infraestructuras para la movilidad y el transporte son cada vez más limitadas y costosas, ¿cómo podrá ayudar la tecnología a gestionar esta complicada situación en un futuro?

Es un hecho que las infraestructuras son limitadas y la capacidad disponible es finita y difícilmente ampliable.

Esta pregunta tiene dos variantes, por un lado, está el coste de mantenimiento de las infraestructuras actuales, que requiere partidas presupuestarias altísimas, dificultando su viabilidad. En este aspecto la mayor parte de los países desarrollados están optando por implantar sistemas de pago por uso, para un mejor uso de las infraestructuras viarias y como fuente de financiación adicional. En España se está llevando a cabo este debate en nuestra sociedad y sin una voluntad clara de implantar este modelo en vías interurbanas y algunas ciudades.

La tecnología está plenamente desarrollada para ofrecer este servicio con distintas soluciones de sistemas de peaje, dependiendo del modelo elegido.

La otra variante de esta pregunta es cómo podemos gestionar la capacidad, para ello se han ido desarrollando distintos sistemas a lo largo de nuestra historia, desde las redes semafóricas, o sistemas de gestión regulada del aparcamiento en superficie, hasta complejos sistemas adaptativos, predictivos o de control avanzado de la capacidad, pasando por sistemas de gestión coordinada ante eventos o incidencias. No obstante, esto tiene una clara limitación y desde Kapsch pensamos que el futuro de la gestión futura de la movilidad estará equilibrando sistemas de gestión de la capacidad y la demanda de manera dinámica, por lo que ya estamos desarrollando soluciones tecnológicas que contemplen esta posibilidad.

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