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Covid-19: cómo usar los datos para contener la pandemia sin derribar la privacidad

El sueño de todo epidemiólogo es un futuro en el que las enfermedades infecciosas se puedan rastrear y prever con la misma precisión de los huracanes. Todavía queda mucho para llegar a eso, sin embargo, en los últimos años, la digitalización de la salud ha ofrecido nuevas herramientas a los investigadores. Gracias a la recopilación y la combinación de grandes flujos de datos, hoy podemos obtener una imagen más precisa de la situación e intentar contener una epidemia.

En el análisis de la situación, los SIG (Sistemas de Información Geográfica) juegan un papel importante, ayudando a rastrear la propagación de la Covid-19 en el espacio y el tiempo. El John Hopkins Center for Systems Science and Engineering (CSSE) pone a disposición un panel SIG en tiempo real que muestra todos los casos documentados en el mundo. El siguiente paso es el desarrollo de modelos predictivos.

En los intentos que se han llevado a cabo en todo el mundo para detener la propagación de la pandemia, la clave es la reconstrucción de los movimientos de los sujetos contagiados. Es una actividad compleja, pero puede simplificarse mediante, por ejemplo, el reconocimiento facial. Se trata de una forma lógica de utilizar la tecnología para evitar que las enfermedades altamente infecciosas se propaguen rápidamente. Del mismo modo, no sorprende que los expertos en inteligencia artificial estén aplicando técnicas de aprendizaje automático a las redes sociales, la web y los canales oficiales de salud pública para detectar los signos de una mayor propagación de la Covid-19.

Se buscan post que mencionan síntomas específicos, como problemas respiratorios y fiebre, y se confrontan con las áreas geográficas donde los médicos han reportado casos potenciales. La compañía de Malasia Myeg Services ha desarrollado un sistema que utiliza el big data para mapear a los ciudadanos, creando un perfil de riesgo de salud para cada persona, a través del historial de sus movimientos y otros parámetros. El aprendizaje automático y la inteligencia artificial también se utilizan para identificar cuál de los medicamentos antivirales disponibles podría estudiarse como tratamiento potencial.

¿Proteger la salud sin violar la privacidad es posible?

El riesgo de una invasión de la privacidad existe, sin embargo, en un contexto de emergencia como el actual, la demanda de seguridad supera la de confidencialidad y libertad. La Unión Europea siempre ha sido el baluarte de la protección de los derechos de los usuarios frente a la intrusión de las grandes multinacionales tecnológicas. No obstante, la UE también considera escenarios excepcionales: el derecho a la protección de los datos personales, como se indica en el punto 4 del Reglamento UE 2016/679 (RGDP), no es un derecho absoluto, sino que debe equilibrarse con otros derechos e intereses públicos, como el de la salud.

Por tanto, rastrear los móviles para controlar los movimientos de los ciudadanos dentro del territorio nacional puede considerarse legítimo, al menos desde un punto de vista legal. De hecho, se trata de una medida para contrastar la propagación de la epidemia ya llevada a cabo con éxito en China, Corea del Sur y otros países asiáticos.

Corea del Sur, en particular, ha utilizado no solo los móviles, sino también cámaras de vigilancia y tarjetas de crédito para mapear todas las conexiones sociales de los casos sospechosos. La información se muestra de forma anónima en una página web dedicada y también se envía por SMS a quienes se hayan encontrado con una persona infectada. Los datos hechos públicos por el gobierno son anónimos, pero bastante detallados.

En Hong Kong, el gobierno difunde cada tarde información detallada sobre cada nuevo caso de infección. Aunque no revela los nombres, publica la edad, el género, la dirección, el lugar de trabajo y los síntomas de las personas afectadas por la epidemia. De esta manera, los demás residentes del área saben si han entrado en contacto con estas personas. En Singapur, la aplicación TraceTogether se utiliza para registrar la historia reciente de los smartphones que han estado particularmente cerca el uno del otro mediante el análisis de su señal Bluetooth.

En China, además de la videovigilancia, algunas de las aplicaciones más populares del país, como WeChat y AliPay, se han utilizado para difundir información sobre el nuevo coronavirus y para indicar a los usuarios si deben ponerse en cuarentena como medida de precaución. Según varios analistas, estas aplicaciones también proporcionan datos y estadísticas al gobierno, como parte de sus programas de vigilancia, que antes de la epidemia tenían diferentes propósitos y estaban relacionados con el control de la población.

Finalmente, si un ciudadano moscovita se aleja de su zona de residencia, recibe un mensaje de texto de advertencia. Los movimientos se rastrean a través del móvil, de lo pagos con tarjetas y las cámaras de seguridad. Además, para salir de casa el ayuntamiento debe conceder un código QR personal.

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¿Qué hace Europa?

Por supuesto, no se puede obviar el hecho de que estas experiencias han madurado en sistemas legales que prestan escasa atención a las libertades individuales y están acostumbrados a imponer restricciones a la privacidad. En cambio, según las normativas europeas, las medidas invasivas, como el monitoreo de personas físicas, podrían considerarse legítimas solo en circunstancias excepcionales, estrictamente limitadas a la duración de la emergencia y sujetas al control judicial de la Corte de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En este marco, Alemania ha anunciado el lanzamiento de una plataforma que servirá como base común para aplicaciones de seguimiento de los casos positivos de conformidad con las normas europeas. En Italia, se han designado 74 expertos para evaluar el uso de los datos para contener la epidemia. España ha confiado en el tándem Google-Telefónica para desarrollar un sistema de seguimiento de los casos.

En Gran Bretaña se está trabajando en arquitecturas que minimicen la recopilación de datos, utilicen cifrado y rastreen los contactos y no los movimientos de las personas. La tecnología más adecuada y menos intrusiva, como también ha reconocido el movimiento Privacy international, es el Bluetooth, que permite descubrir cuándo dos móviles están cerca sin desvelar la identidad de sus propietarios.

El papel de los gigantes tecnológicos

Bruselas ha anunciado que investigará las herramientas desarrolladas por los diversos estados de la Unión para verificar que no violen la privacidad del usuario. Al mismo tiempo, la UE está lista para solicitar datos agregados y anónimos de las redes sociales y otras multinacionales tecnológicas. Esta información se agregará a la que los operadores de telefonía ya han puesto a disposición de los estados. El Joint research center (Jrc), el centro de estudios comunitario, utilizará estos datos para estudiar cómo se han movido las personas, analizar los flujos, y relacionar esos movimientos con la propagación del virus.

‘Big Tech’ no podía faltar en la carrera tecnológica contra la pandemia. Facebook ha potenciado el proyecto Data for good, a través del cual pone a disposición de los investigadores conjuntos de datos, como flujos agregados de movilidad o post en Facebook e Instagram. Google ha recopilado los datos de sus usuarios de Google Maps y, después de analizarlos y anonimizarlos, los ha puesto a disposición de las autoridades sanitarias, los gobiernos y las universidades, pero también de todas las personas que desean estudiarlos o explotarlos para tomar decisiones en la lucha contra el coronavirus. Todos los datos han sido recopilados por usuarios que han activado voluntariamente el historial de ubicaciones, una configuración que está deshabilitada de manera predeterminada. Al analizar los informes, será posible obtener información útil para comprender cuáles son los momentos ideales para abrir tiendas o cuáles son los horarios mejores para las entregas a domicilio. Toda esta información servirá a las autoridades para estudiar nuevas estrategias para el distanciamiento social o planificar nuevas pautas para salvaguardar la salud pública, sobre todo después de la emergencia, con la esperanza de que llegue pronto.

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