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Carga inalámbrica: un mundo sin cables

La presentación del primer iPhone, en 2007 fue toda una revolución, que marcó el inicio del smartphone como palanca definitiva para que Internet se convirtiese en mainstream. Gracias a los teléfonos inteligentes (y las tarifas de datos de las operadoras) finalmente el acceso a la red llegaba a casi todo el mundo, incluidas personas que nunca habían utilizado un ordenador en su vida.

Entre los muchos aspectos que el uso de los smartphones ha ayudado a evolucionar y extender a lo largo de estos años destacan la popularización definitiva de protocolos de comunicación inalámbrica como el Wi-Fi o el Bluetooth.

Sin embargo, casi 15 años después del innovador iPhone original, aún no se ha cumplido el sueño de un dispositivo totalmente inalámbrico: para cargar sus baterías aún debemos conectarlo físicamente mediante un cable a una toma de corriente eléctrica.

Transmitir energía sin cables: el eterno sueño tecnológico

Es cierto que desde el 2013, y gracias al estándar Qi, existe la posibilidad de cargar los teléfonos móviles dejándolos en bases por inducción, algo que nos libera de utilizar el conector físico del dispositivo.

Pero estas bases, mal llamadas de carga inalámbrica, no nos liberan en realidad de los cables ni nos proporcionan el deseado sueño tecnológico de olvidar los cables para todo y para siempre para nuestros dispositivos móviles. Y es que la base debe enchufarse igualmente, y además el teléfono debe disponerse en una posición concreta, sin posibilidad de utilizarlo con libertad mientras está cargando.

Además, este cambio, más allá de hacer realidad la tecnología realmente inalámbrica, también solucionaría de un plumazo un problema de estándares de las conexiones que en Europa se quiere solucionar fijando el USB-C como puerto obligatorio y universal.

Las ventajas (e inconvenientes) de la conexión inalámbrica (por inducción)

Aunque como ya hemos dicho, estas conexiones en realidad son más de “inducción” que “inalámbricas”, su uso tiene ventajas evidentes:

Comodidad: por diseño y funcionalidad mejora el sistema de carga convencional, al eliminar el uso constante de los cables.

Menor desgaste: al no tener que conectar y desconectar una y otra vez para cargar el dispositivo se evita el deterioro.

Universal: si hablamos del estándar Qi, una misma base de carga inalámbrica sirve para todo tipo de teléfonos inteligentes, evitando la necesidad de cables diferentes y solucionando posibles problemas de compatibilidad.

Mayor vida de las baterías: la mayoría de los cargadores tienen limitada la velocidad de carga, y a menor velocidad menor es la degradación de la batería según los expertos.

Entre los inconvenientes destacamos los siguientes:

Mayor consumo energético: la carga inalámbrica por inducción utiliza casi un 50% más de energía que la misma carga por cable convencional. Y esto es algo que ha certificado incluso el Wireless Power Consortium (el organismo creador del estándar Qi).

Seguimos atados: aunque no hay que conectar ni desconectar ningún cable, para que se produzca la carga no solo debemos colocar el dispositivo en un lugar concreto de la base, sino que además debemos alinearlo con la bobina de carga. En este sentido, algunos fabricantes ya han empezado a añadir un sistema magnético que facilita la alineación y mejora la eficiencia de la carga.

Carga más lenta: aunque existen ya algunos cargadores Qi de alta velocidad, en general, la carga es más lenta. Esto es bueno para alargar la vida de las baterías, pero en las ocasiones que se precisa una carga rápida limita el uso de las bases de carga.

Interferencias y seguridad: aunque no es algo frecuente, la tecnología de la actual carga inalámbrica por inducción puede provocar problemas de interferencias por radiofrecuencia, que podrían afectar a la aviación y la navegación. Es por ello por lo que en China se ha limitado por ley la carga inalámbrica a 50 vatios.

Otro aspecto a tener en cuenta más allá de la compatibilidad es la calidad de fabricación: al igual que en los cables, el uso de marcas certificadas nos garantizará la seguridad de los dispositivos, evitando sobrecalentamientos y otros problemas.

El futuro de la carga inalámbrica real

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La carga por inducción es un avance respecto al sistema anterior, pero ¿en qué estado se encuentra la soñada carga inalámbrica real?

Aunque aún son únicamente prototipos, son diversos los proyectos que avanzan ese futuro en el que no es necesario sacar el móvil del bolsillo para cargarlo.

Destacan el de Xiaomi (Mi Air Charge), que promete una potencia de 5W, un radio de acción de 5 metros, el de Oppo (Wireless Air Charging) y el de Motorola (Over the Air Wireless Power Charging), que limita el rango a 3 metros y sin obstáculos de por medio.

Pero el proyecto de carga inalámbrica real que más expectación ha generado es el de los investigadores de las universidades de Michigan y Tokio. Su innovador sistema, llamado técnicamente “resonancia de cavidad cuasiestática multimodo”, permite distribuir energía electromagnética a través del aire, permitiendo la carga inalámbrica real de hasta 50 vatios.

Aún no es una realidad comercial, está en fase de desarrollo, pero esta tecnología supera las limitaciones de proyectos anteriores (como los puntos muertos), y permitirá convertir una habitación en una zona de carga inalámbrica real y además sin exceder los límites que la FCC impone respecto a la exposición a energías electromagnéticas.

¿Y la carga inalámbrica para los vehículos eléctricos?

La tecnología de carga inalámbrica no es algo que beneficia solamente a dispositivos móviles como los smartphones. El futuro eléctrico de la movilidad también está trabajando en incorporar sus ventajas.

Por un lado, son diversos los proyectos de carga por inducción en garajes, como el que está desarrollando Volvo. La idea es que, al aparcar el coche, este se carga por inducción sin necesidad de conectar ningún cable. El sistema se podría instalar en garajes privados, en lugar de los tradicionales enchufes, pero también en plazas públicas, como un servicio de suscripción.

Al mismo tiempo, y llevando esto a un nivel casi futurista, este año abrirá en Detroit la primera carretera con carga por inducción, desarrollada por Electreon, que permitirá la carga de los vehículos en movimiento. Por ahora esto se plantea como una solución para líneas de autobuses eléctricos o camiones que realizan siempre el mismo recorrido a baja velocidad, ya que hay dudas de su eficiencia a velocidades altas.

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