Aunque hace mucho que hablamos de realidad virtual, y cada año parece que va a ser el definitivo para su despliegue como tecnología de uso masivo, lo cierto es que, a pesar de la creciente digitalización de nuestra vida personal y profesional, el mundo real y el mundo virtual siguen separados por una línea divisoria clara.

Y de pronto, el pasado mes de octubre, el anuncio del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg de apostar decididamente por el llamado metaverso como el nuevo Internet (con una inversión millonaria sin precedentes y el cambio en el nombre de la empresa, que ha pasado a llamarse Meta) ha puesto sobre la mesa un nuevo concepto que está llamado a liderar la nueva batalla de las grandes empresas tecnológicas.

¿Qué entendemos por metaverso?

Entendemos por metaverso una experiencia digital 3D, inmersiva y multisensorial en la que podemos interactuar como avatares, en lo que sería una metáfora del mundo real sin limitaciones físicas o de espacio.

Aunque este concepto podría confundirse con la realidad virtual (normalmente asociada a los mundos 3D de fantasía de los videojuegos), el metaverso añade capas adicionales que combinan la realidad virtual con la realidad aumentada y la web 2.0 con el objetivo de teletransportarnos a una realidad digital alternativa en la que poder hacer las mismas cosas que en el mundo real e incluso más. Si actualmente en Internet interactuamos a través de las redes sociales con personas reales, en el metaverso podremos hacer lo mismo, pero relacionándonos con avatares creados por nosotros mismos, es decir, nuestra representación en ese universo digital 3D.

Aunque nunca se había hablado tanto de él, lo cierto es que el término metaverso no es nuevo. Fue acuñado por primera vez por Neal Stephenson en su novela “Snow Crash” (1992), en la que planteaba una suma de mundos virtuales, incluyendo Internet y realidad aumentada. Como era de esperar, Stephenson ha renegado de la apuesta de Meta, muy alejada de sus ideas que suelen ser  especialmente críticas con las grandes corporaciones.

Un funcionamiento complejo con tecnología punta

Para que el metaverso sea una realidad más allá de Internet, deben converger un conjunto de tecnologías ya existentes, pero en constante evolución:

Realidad Extendida

Se entiende por Realidad extendida (XR) el conjunto de tecnologías inmersivas (realidad virtual, realidad aumentad y realidad mixta). Hasta ahora han evolucionado en paralelo pero más o menos independientemente, con tecnologías y dispositivos propios. Para hacer posible el metaverso las tecnologías XR deberán entremezclarse.

Blockchain

En un metaverso verdaderamente universal, descentralizado y abierto (alejado seguramente de la idea de Meta) las cadenas de bloques tendrán un gran protagonismo. Esta tecnología puede hacer posible un mundo virtual más libre, en el que el control de la experiencia sea más de los usuarios y menos de las grandes corporaciones que actualmente controlan Internet. Además, con blockchain será posible regular las propiedades o las transacciones.

Inteligencia Artificial

La evolución de la inteligencia artificial, y su potencial para necesidades como la comunicación entre humanos y máquinas (con procesamiento del lenguaje natural), la visión computacional o las tecnologías de ubicación espacial, será clave para que el metaverso sea algo tangible más allá de una idea.

Un universo (virtual) de posibilidades

El metaverso abre infinidad de posibilidades en múltiples ámbitos:

Educación

La experiencia educativa puede beneficiarse enormemente de la implementación del metaverso, ofreciendo experiencias inmersivas que faciliten, por ejemplo, las prácticas de laboratorio o la comprensión de eventos históricos.

Economía digital

En una economía cada vez más digital, muchos de los negocios actuales deben adaptarse a las nuevas necesidades que van surgiendo. Hablamos, por ejemplo, de la simulación inmobiliaria, el mercado del arte digital,  los comercios minoristas o el e-commerce. También se crearán nuevos negocios (que ni podemos aún imaginar) a partir de las necesidades del mundo virtual.

Ver también

Entretenimiento y ocio

Evidentemente, el sector del entretenimiento, con los videojuegos en primer término seguidos de los eventos deportivos o musicales, serán los primeros que se beneficiarán del metaverso. Lo harán con la promesa de vivir experiencias inmersivas, es decir, cercanas a la realidad, pero desde nuestra casa.

Los dilemas cibernéticos, también en el metaverso

Aunque desde los países del llamado primer mundo a veces nos pensamos que Internet es algo mundial, lo cierto es que según la Unión Internacional de Telecomunicaciones aún hay un 37% de la población que no tiene acceso a la red.

Así, ante las perspectivas de este nuevo paradigma tecnológico que tiene todos los números para sustituir a Internet, es inevitable preguntarse ¿será el metaverso realmente inclusivo y universal o contribuirá a ampliar la brecha digital actual?

Las dudas son razonables, ya que su desarrollo y despliegue requiere de inversiones multimillonarias que solo los grandes actores (Meta-Facebook, Google, Microsoft, Apple, etc.) serán capaces de asumir, y que evidentemente querrán recuperar de algún modo.

Un futuro prometedor aún en construcción

Aunque muy prometedor, actualmente el metaverso continúa siendo una idea, un concepto de un futuro en construcción que tiene muchos números para marcar las nuevas décadas de nuestro mundo digital.

Aunque las campañas de marketing nos harán creer cada año que, ahora sí, es el año del metaverso, la tecnología aún no es lo suficientemente madura. La potencia de los actuales dispositivos aún tiene margen de mejora, y el actual precio de adquisición de las gafas de realidad aumentada pone de manifiesto que el metaverso no pasa aún de ser un experimento y que únicamente será una realidad y un éxito si se consigue implementar en todas las capas de la sociedad, como ha sido el caso de los smartphones.

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